lunes, 25 de julio de 2011

Las clases particulares y el profesor.

Las clases particulares y el profesor.
Infinidad de ocasiones he sido profesor. Mi materia ha sido el idioma inglés. Di clases en las mejores escuelas del país (México), contándose entre ellas el Angloamericano, Berlitz, ITESM - Morelia, Unitec, TecMilenio, y otras tantas por el estilo.
Siempre me llamó la atención que los alumnos pensaran peyorativamente acerca de la materia. Parecía que sus mentes dijeran "...no hay bronca, sólo es inglés..." Mucho ausentismo, llegadas tarde, no hacían las tareas correctamente o simplemente las bajaban de internet o se las copiaban entre ellos..., y estoy hablando de alumnos de universidad y preparatoria por igual.
Cuando daba clases en empresas, por parte de Berlitz, era aún peor. Los alumnos eran ejecutivos "de alto nivel" y se sentían paridos por Afrodita. Ahí tenía que incluso esperar a que se presentaran, aunque faltaran 5 minutos para que terminara su clase. Y ni como pedirles que hicieran tarea.
Tanto en las universidades y preparatorias, como en las empresas, más que ser un profesor de inglés de calidad, parecía un concurso de popularidad. Hay encuestas que le hacen a los alumnos totalmente orientadas a ver si el profesor de tal o cual materia "les cae bien" o "los trata con amabilidad". Recuerdo una pregunta: "¿El profesor les sonríe al iniciar la clase?".
Lo anterior, entre otras cosas, es una de las mayores razones por las que me he dado un tiempo libre de enseñar en instituciones privadas de enseñanza del idioma inglés.
Pero los alumnos particulares llegan a ser todavía peores. Sus razones para tomar clases a  nivel particular son muchas, pero concuerdan en puntos muy específicos: no tienen tiempo entre semana para tomar clases en escuela, sus horarios no se "acomodan" con los de una escuela, los sistemas de enseñanza en las escuelas son muy lentos, quieren terminar lo antes posible "con el inglés", quieren prepararse para presentar tal o cual examen (TOEFL, TOEIC, Cambridge)...
Entonces me buscan. Iniciamos muy bien... las primeras dos o tres clases. Y entonces, comienza la indisciplina. Vuelven a ser como los estudiantes de escuela o empresa: no hacen tareas, faltan a sus clases, cancelan las sesiones, llegan tarde a las sesiones, regatean los precios de la hora de clase.
Si les cobrara un mes de sesiones por adelantado, seguro que no faltarían a sus sesiones o no cancelarían tanto. Pero, parte de la "magia" de tener un profesor particular es, de hecho, que le pagas al terminar la clase y no hay ninguna otra obligación pendiente.
Por eso he intentado seleccionar a los alumnos a quienes les doy clases particulares. Pero, a pesar de los pesares, se vuelven exactamente iguales a los que describí al principio del artículo.
Aquí, algunos pensamientos claros al respecto: 
1.- Yo ya domino el idioma. No necesito tomar clases: yo imparto las clases.
2.- No me dedico a dar clases como forma de vida, lo hago por gusto.
3.- No necesito andar mendigando el pago por hora de clase.
4.- No son mi única opción, de hecho es al revés.
En el futuro, pensaré con mucho cuidado el dar clases particulares. Muy probablemente, las cobraré por adelantado (un mes, cuando menos). Sesión que falte el alumno, sesión que cobraré aunque no se presente. Si no hacen tareas en más de dos ocasiones, ya no les daré clases. Y seleccionaré los días, horarios y duración de las clases unilateralmente. Repito: yo ya hablo inglés.
Si no les pareciera a alguno de ellos, pues que busquen una escuela donde los acepten con toda su indisciplina, faltismo, y regateo económico. A ver cómo les va.

jueves, 14 de julio de 2011

Pagar el precio. Los hábitos salen caros.

Pagar el precio. Los hábitos salen caros.

"La motivación es lo que nos hace empezar. El hábito, lo que nos hace seguir" dice la frase popular. Y no hay nada más cierto.

Todos "tenemos ganas" de hacer esto o aquello. Pero la problemática llega desde el momento de comenzar. Por mucha motivación que tengamos, lo más frecuente es que a las pocas semanas lo dejemos atrás y olvidemos nuestro proyecto.

Hacer ejercicio, comer sanamente, estudiar otro idioma, perfeccionar nuestras habilidades en la computación, empezar un blog, terminar la escuela, hacer la tesis, iniciar una maestría, lavar el auto los fines de semana, buscar un mejor trabajo, escribir el proyecto de nuestro  negocio de ensueño...

¿Suena familiar? ¡Claro! Somos seres humanos. Tenemos la tendencia a desear cosas muy similares. Incluso encontramos la motivación (motivo + acción) para empezar alguna de las cosas antes descritas.  Pero llega la realidad: no tenemos la disciplina. No tenemos el hábito.  Y todo se va por la coladera.

¿Cómo desarrollar un hábito? Bien, hay infinidad de libros al respecto de autores mucho más calificados que un servidor. Pero puedo anotar un par de tips y trucos que he aprendido a través del tiempo. Aquí van:

Curiosamente, los "tiempos" en el cerebro humano son muy parecidos a los tiempos de las estrellas, y no me refiero a los rollos del Tarot ni nada por el estilo. Me refiero al ciclo lunar.
Los expertos dicen que un hábito se crea en 21 días. Y es verdad. Solo tres semanas nos separan de adquirir un nuevo hábito, o mejor dicho, crear un nuevo hábito.

¿Por qué se dificulta tanto?
La mente humana es algo muy poderoso. Es un sistema perfecto. Diseñado para mantener el orden y sistemas funcionando al 100%. Ahí radica la clave: la mente mantendrá el status quo, mandará indicaciones al subconsciente para que todo siga igual, sin cambios.

Los mensajes se convierten en sensaciones: miedo, flojera, pesadez, inseguridad, incomodidad... todo esto al iniciar lo que queremos que sea nuestro nuevo hábito. A la combinacion de esos factores se les llama "postergación" (Procrastination, en inglés). Y es, por si sola, la principal causa de nuestro fracaso al generar el nuevo hábito que tenemos como proyecto.

En el siguiente artículo, las técnicas más poderosas para "convencer a la mente" de que el nuevo hábito es bueno, para lograr vencer la "postergación" (Procrastination).